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Entrevistas

PASTORA SOLER
“Siempre encuentras en la vida algo picante, algo salado… y momentos amargos”

Entre sevilla y madrid, grabaciones, conciertos y promociones, pastora no encuentra tiempo para aprender a cocinar un arroz con pato –su favorito–, aunque a eso ponen remedio las manos expertas de su madre y los buenos fogones que suele visitar. La cocina le divierte cuando prepara al llegar a casa originales ensaladas “con todo lo que pillo”.

Sevillana –de Coria– y sevillista, esta recién llegada a los treinta celebra ahora sus quince años en el mundo de la canción; y ya ha pasado la mitad de su vida sobre los escenarios. No es de extrañar conociendo las cualidades que Pilar Sánchez –así la bautizaron– mostraba ya a los cinco años de edad cuando cantó por primera vez en el Teatro Álvarez Quintero de Sevilla. Desde entonces, su vida ha sido un ir y venir de discos, conciertos, premios, reconocimientos… Le ha ido bien a esta portentosa voz y es feliz por ello aunque reconoce que “el camino ha sido duro”. Después de recorrer la copla, el pop y los sonidos más rítmicos, Pastora Soler regresa con Bendita Locura, su octavo trabajo, una recopilación “sincera y más personal” repleta de baladas, género que domina como ninguna y con el más se identifica la artista de la eterna sonrisa.

Como coriana ¿Disfrutas la cocina marismeña?
Pues mira, no me meto en la cocina nunca, cocino fatal –risas-. Tengo que ponerme las pilas. Eso sí, me encanta comer, me gusta la buena cocina y por supuesto la de mi tierra. Tengo la suerte de tener una madre que cocina estupendamente (hace unos arroces…) y yo soy agradecida porque siempre tengo mucho apetito. Los albures no me gustan mucho, pero los camarones me encantan, los guisos… ¡todos! Y sobre todo el entorno. Me vuelve loca salir a comer y admirar las marismas… en Coria, en Islamayor, sitios tan bonitos y donde se guisan tan bien los arroces…

¿De los sabores de tu infancia –lo que cocinaba tu madre en casa- qué recuerdas con más nostalgia?
Me acuerdo mucho de los olores del puchero. Echo mucho de menos el puchero hecho a la manera de aquí: en la buena olla, con su pringaíta, su caldito calentito con olor a hierbabuena. Es de las comidas más deliciosas para mi gusto y de las que más me reconfortan. De pequeña era muy delicada para comer según qué cosas y recuerdo que mi madre con el puchero lo arreglaba todo: yo comía bien y ella contenta.

¿Es el puchero entonces el plato que más echas de menos?
Soy muy de cocina tradicional y cuando estoy fuera echo mucho de menos el cuchareo, como decimos aquí, potajes… y principalmente el puchero. Ya te digo que éste es mi favorito.

¿Qué sueles cocinarte en casa?
Soy nula. Me da hasta vergüenza decirlo pero la verdad es que no sé cocinar nada. Sólo hago cosas muy ligeritas. Ahora que llevo más tiempo fuera, he aprendido a hacer mi puchero, –reconozco que es facilito–, y lentejas. Sólo me he atrevido con esas dos cosas. Aunque la verdad, tengo que decir que para hacerlo llamo quinientas veces a mi madre por teléfono –risas– y sinceramente a las lentejas no termino de cogerles el punto, me sale sopa de lentejas –carcajadas–. Yo soy más de hacerme cosas para salir del paso.

¿Eras de ayudar en la cocina?
No y es por eso que no he aprendido. Nunca presté atención a la elaboración de las comidas. Creo que ése es un gran paso para aprender, si hubiese estado junto a mi madre ya sabría hacer algo…

Y un domingo familiar ¿Qué prepararías a los tuyos?
¡Uy, qué difícil! Bueno, creo que para estar en familia se debe empezar por unas tapitas de chacinas como entrantes, quesitos, jamón… Una buena ensalada, que me salen muy bien. Me gusta mezclar muchas cosas en la ensalada, todo lo que coja a mano y siempre me quedan bien. Y luego, mmmm… no tendría ni idea, la verdad.

¿Un buen arroz con pato, quizá?
Ojalá, me encantaría saber hacer un buen arroz con pato. Pero me parece de las cosas más difíciles de cocinar, que salga el arroz en su punto es de lo más complicado –risas-.

Cuando estás por aquí ¿Dónde sueles ir a comer en Sevilla y en Coria?
Estoy siempre a caballo entre Sevilla y Madrid. En Sevilla, sobre todo cuando viene alguien de fuera, me gusta llevarles a la calle Betis… la Albariza, me encanta. En el Arenal, me gusta tapear en la Bodeguita Romero. En Coria tenemos un sitio nuevo ahora, el Sevruga, que está muy bien y tiene además unas vistas maravillosas. Hacen una cocina muy moderna y creativa mezclando elementos tradicionales de Coria.

¿Y cuándo estás lejos?
Igual, intento buscar la cocina tradicional. En Madrid se come muy bien, hay sitios buenos. Me gusta mucho el puchero hecho a la manera madrileña, el pescaíto frito, las tapas… Lo que menos piso es el McDonald y los sitios de comida rápida.

¿Cómo llevas ser tan comilona con la línea, te cuidas?
Pues debo. Pero es que me gusta mucho comer y a veces me embalo –risas-. También me pasa que cuando estoy de promoción suelo comer muy mal, muchos bocadillos o sandwiches y tengo que equilibrarlo cenando sano y ligero: ahí es cuando hago mis originales ensaladas con todo lo que pillo. Aún así, tendría que cuidarme más, me cuesta mucho comer fruta, por ejemplo. Tiene que ser preparadas como una macedonia o zumos. A mí me da mucha pereza comprarla y hacerla, así que tengo que esforzarme porque sé que la fruta y la verdura son muy sanas.

Y de los sabores del mundo que has probado, ¿Con cuál te quedas?
La cocina italiana y la japonesa. Principalmente la italiana. La hindú también, pero es un poco fuerte, así que no siempre me apetece. Al sushi le cogí el punto hace poco y cada vez me gusta más. Es ligerito, digestivo y está riquísimo. Para cenar me encanta y me divierte.

¿Cuáles han sido los sabores de tu vida hasta hoy?
Sobre todo dulce. Siempre encuentras en la vida algún picante, a veces salado o incluso momentos amargos, esenciales para apreciar lo dulce de la vida. Me considero muy afortunada por vivir de la música que es lo que me gusta, aunque el camino sea duro. Nadie te regala nada, hay mucho que currar, sin rendirse, vencer obstáculos, es ése el camino. Tiene que ser así…
En corto

¿A qué sabe Sevilla? A gloria.
¿Y a qué huele? A azahar.
¿Cena con velas o codo en barra? Cada cosa en su momento, disfruto mucho de las dos.
Al salir del concierto… Salgo hambrienta…
¿Cruzcampo o grandes reservas? ¡Puf, qué difícil, hija! Me encanta el vino pero una cervecita fresquita… los dos, para cada uno hay un momento.
¿Puntillitas o sushi? Las puntillitas no me gustan, pero el pescaíto frito me encanta. Esta vez me quedo con el sushi.
¿Caracoles o langostinos? Caracoles, me encantan.
Tu secreto para el buen gazpacho ¡No lo he hecho nunca! -carcajadas-. Justo hoy he pedido gazpacho, estoy en Valencia, y me he dicho “hasta yo me pongo a hacerlo y me sale más bueno”. Creo que cuando no tienes práctica lo que hay que echarle es mucho amor.
Un rincón de Sevilla con sabor… Me quedo con la calle Betis.